Por Roberta Magarotto, Global Head of Research & Development
La semana pasada, en Swinton, me reuní con nuestro equipo del Centro Técnico del Reino Unido, los responsables de Ventas y el Director General. En apenas un par de días analizamos las necesidades técnicas, las soluciones que pueden aportar los aditivos y la evolución del mercado en un contexto marcado por la mejora de la sostenibilidad. Momentos como este nos recuerdan algo esencial: la innovación se acelera cuando pensamos juntos desde el principio —a escala global, regional y local—. Las herramientas digitales nos mantienen coordinados; el trabajo presencial nos permite interactuar con mayor profundidad.
1) Alineación temprana: Dónde empieza realmente una I+D eficaz
Nuestros mejores proyectos no comienzan con un experimento en el laboratorio, sino con una conversación. Antes de definir una partida presupuestaria o un prototipo, reunimos a la I+D global con los líderes regionales y los expertos locales. Esta alineación temprana nos aporta tres ventajas:
Una definición compartida de "éxito": cuando los objetivos se establecen junto a quienes están más cerca del cliente y de la realidad del mercado —nuestros responsables de Ventas—, los equipos de I+D evitan la trampa habitual de perseguir la perfección técnica sin relevancia práctica. El equipo de Ventas no solo escuchó: llevó la voz del cliente al laboratorio.
Menos sorpresas estratégicas: debatir expectativas desde el inicio reduce retrabajos tardíos, prioridades contradictorias y desajustes entre la estrategia global y la ejecución local.
Mayor compromiso organizativo: las personas apoyan aquello que ayudan a crear. Participar desde el principio genera implicación y sentido de pertenencia.
La innovación no es un relevo de tareas; es un proceso definido conjuntamente.
2) Inclusión entre funciones y regiones: Por qué funciona
Desde la psicología organizacional, la inclusión hace mucho más que mejorar la precisión técnica de una innovación. También activa motores humanos clave del comportamiento organizativo:
La necesidad de autonomía: las personas se sienten más motivadas y comprometidas cuando perciben que su experiencia y su contexto cuentan.
La necesidad de pertenencia: la colaboración transversal crea una identidad compartida en torno a un reto común. Esto fortalece la confianza, acelera la resolución de problemas y reduce la fricción que suele frenar los proyectos.
La necesidad de competencia: cuando se incorporan perspectivas diversas, cada profesional ve cómo su conocimiento contribuye al conjunto. Esto refuerza la confianza y aumenta el esfuerzo discrecional, esa energía extra que impulsa la innovación.
El resultado es un sistema en el que la visión global se combina con la inteligencia local, logrando innovaciones técnicamente sólidas y profundamente conectadas con las necesidades reales del mercado, algo crucial al abordar desafíos complejos como la sostenibilidad.
3) Por qué la presencia humana sigue siendo importante en un mundo digital
La colaboración virtual nos mantiene cerca pese a las zonas horarias y es excelente para coordinar. Pero la creatividad —el momento en que surgen nuevas ideas— se nutre de la energía de compartir espacio.
Esa sesión en Swinton fue sumamente práctica: pruebas en el laboratorio de hormigón, un boceto de lo que podemos hacer juntos convirtiéndose en un plan, un plan preparado con pasión y compromiso.
Los equipos más innovadores combinan ambos formatos: lo digital para la rapidez; el cara a cara para la profundidad.
Conclusión: La innovación es un sistema social
Las mejores innovaciones no nacen de genialidades aisladas. Surgen cuando personas con perspectivas, incentivos y conocimientos distintos se unen en torno a un objetivo común.
Cuando las organizaciones:
se alinean desde el inicio.
incluyen voces desde lo global a lo local,
y crean deliberadamente espacios de conexión humana real,
liberan un tipo de colaboración que ninguna mente individual – por brillante que sea – podría lograr por sí sola.
